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Cambios contables. Oportunidad perdida

Todos hemos tenido noticia desde diferentes frentes de la última modificación de la normativa contable producida en diciembre del pasado año. Otra más. A este paso nos tendremos que ir acostumbrando a que las leyes contables cambien casi con la misma frecuencia que las tributarias. Para no perderse con las novedades, no está de más echarle un vistazo al Código de Contabilidad Financiera y Sociedades editado por el Icac y el BOE. Es una guía práctica en el laberinto de leyes y resoluciones del Icac (aquí en pdf).

El caso es que una de las modificaciones del plan de contabilidad que más me ha llamado la atención ha sido la eliminación de la obligatoriedad de elaborar el estado de cambios en el patrimonio neto (ECPN) en la formulación de cuentas abreviadas y de pymes. Y la verdad, no es tanto la eliminación del ECPN lo que me choca, que a fin de cuentas poco aportaba y se utilizaba en el caso de las pequeñas empresas, sino que no se haya utilizado la oportunidad para poner en valor el estado de flujos de efectivo (EFE).

Me explico. Comprendo que el objetivo del cambio normativo, originado a instancias de Europa, es simplificar la gestión de las pymes y aligerar la carga de obligaciones contables y administrativas. Sin embargo, creo que con tanto abreviar y favorecer espacios “cómodos” para las empresas más pequeñas, corremos el riesgo de que no haya alicientes para hacerlas crecer, y donde debía haber una organización con cierta envergadura y fuerza, haya un racimo de microempresas (por no hablar de la picaresca de algunos empresarios). En este sentido, no exigir el EFE supone eludir un elemento de control básico y práctico que es de gran utilidad para potenciales inversores, entidades financieras… que puedan dinamizar el futuro de la empresa.

El flujo de efectivo nos habla de algo tan tangible como es el dinero que genera la empresa y cómo lo hace. A fin de cuentas, no es más una representación formal de la cuenta de la vieja que cualquier pequeño empresario realiza en su día a día. Como he comentado muchas veces, olvidémonos de las cuentas (y su ingeniería) y centrémonos en la “pasta”.

Por otro lado, reconozco que, en la práctica, serían los gestores y asesores los que acabaran completando y dando forma a este estado financiero, ante el desinterés generalizado de los pequeños empresarios en todo lo que concierne al cumplimiento contable y financiero. Pero ese es otro problema: el de la falta de cultura financiera y empresarial.

Free Cash Flow como indicador

businessman-432662_1920El Free Cash Flow (FCF) es un indicador del desempeño en la gestión empresarial que se viene utilizando desde hace tiempo, principalmente en el ámbito anglosajón. Con él se pretende abordar el componente más líquido del activo: la tesorería.

Lo cierto es que la tesorería no es una magnitud muy analizada y, de hecho, en numerosas ocasiones se queda fuera de las comunicaciones empresariales y rendimiento de cuentas. Sin embargo, no son pocas las voces que vienen manifestando la importancia de abordar el efectivo para valorar la solvencia o la liquidez, por ejemplo.

Es ahí, donde el FCF puede tomar un papel relevante ya que, frente al Estado de Flujos de Efectivo (EFE) que es una herramienta más descriptiva, se puede plantear como un indicador y vincularlo a un objetivo.

Pero, tal y como planteo y analizo en mi artículo, nos encontramos ante un método de medida alternativo que no está normalizado, y que, por tanto, puede calcularse de distinta manera de una empresa a otra. Para evitar esto, propongo partir del formato oficial de EFE y establecer un indicador homogéneo, no exento de algunos inconvenientes.

Este artículo pretende contribuir a la difusión de esta herramienta de gestión.

 

SEPA: ¿qué supone para la empresa?

sepalogoen1Para aquellos que lo desconozcan, SEPA es el acrónimo en inglés de la zona única de pagos en euros. Se pretende que “se puedan efectuar y recibir pagos en euros en Europa, dentro y fuera de las fronteras nacionales, en las mismas condiciones y con los mismos derechos y obligaciones, independientemente del lugar en que se encuentren”.  En definitiva, otra paso en la eliminación de barreras al movimiento de capitales, y que será plenamente efectivo el 1 de febrero de 2014 (para ampliar información sobre SEPA, pinchar aquí).

¿Cómo afecta esto a las empresas? Son tres los medios de pago implicados: tarjetas, transferencias y recibos domiciliados, siendo estos dos últimos los más relevantes.

Transferencias

La principal novedad es que las transferencias en euros que se hagan en el territorio SEPA serán recibidas cómo máximo en un día hábil desde la emisión. Por tanto, se acortan los plazos a la hora de tramitar un pago por esta vía.

Por otro lado, aquellos que tengan que hacer transferencias tanto nacionales como extranjeras (siempre ámbito SEPA), pueden utilizar un único fichero para todas ellas, simplificando la operativa.

Recibos domiciliados

Surge la posibilidad de emitir recibos contra cuentas bancarias de otros países, algo inédito hasta la fecha. De esta manera, se dispone de otro instrumento de cobro (controlado por el emisor) frente a clientes europeos.

Además se acortan los plazos de  devolución, que en caso del recibo B2B es de dos días, lo que, en principio, da más seguridad a la transacción.

Reflexiones y dudas

Sí parece que SEPA va a ayudar a que las transacciones sean más rápidas y la gestión más sencilla en el ámbito europeo, pero hay algunos aspectos que no quedan claros o no se despejarán hasta la definitiva implementación:

  • Mayor coste: desconozco si el coste de la operativa SEPA va a ser el mismo que hasta ahora viene teniendo la operativa nacional. Me da la sensación de que los bancos van a aprovechar para incrementar sus comisiones aludiendo a la mayor complejidad del nuevo sistema. En cualquier caso, ya se han dejado abierta una puerta: las transferencias serán obligatoriamente con gastos compartidos (SHA), lo que implica que no solo se puede cobrar por emitir una transferencia, sino también por recibirla.
  • Costes administrativos e informáticos: se deben adaptar los sistemas y procesos de las empresas a la nueva operativa, lo que requerirá tiempo y recursos.
  • Centralización de servicios administrativos: la facilidad para la gestión de pagos y cobros puede suponer un aliciente para concentrar la gestión de tesorería en una sola ubicación. Por ejemplo, una empresa puede gestionar desde su central en Alemania todas las transacciones a nivel europeo. Las grandes corporaciones llevan algún tiempo transitando esta vía, que ahora SEPA facilitará.
  • Seguridad bancaria: ahora con la eliminación de barreras se amplía el riesgo. El sistema promete ser seguro, pero son muchas las operaciones y agentes implicados. Es un mar en el que, sin duda, los hackers echarán su caña.
  • Desaparición de cuaderno 58 (anticipos de créditos): aunque no está previsto hasta febrero de 2016, representará la pérdida de una herramienta de financiación muy utilizada por pymes. Las alternativas serán escasas, o a merced del cliente (productos tipo confirming).

En definitiva, una nueva operativa que acarrea beneficios, pero con unas consecuencias que tendremos que ver cómo se materializan.

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