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Ley de emprendedores: pérdida de información financiera?

informacionSe afirma con frecuencia que una sociedad informada es una sociedad crítica. Es algo con lo que estoy de acuerdo. Sin embargo, creo que eso no es suficiente, es necesario que dicha información sea de calidad y que se rija por estándares elevados, de tal manera que permita formar la opinión y tomar decisiones.
Este planteamiento es, si cabe, más transcendente en el caso de la información financiera, la cual es vital para los diversos agentes (stakeholders) que la necesitan para fundamentar sus decisiones. Aunque disponer de todos los datos posibles no siempre conlleva planteamientos acertados, parece obvio que cuanto más limitados sean aquellos datos disponibles, mayor es el riego de errar.
Con la aprobación en 2013 de la conocida como Ley de Emprendedores, el Gobierno puso en marcha una serie de medidas para estimular la actividad emprendedora y facilitar el entorno para su desarrollo. Se trata de una normativa un tanto controvertida y se platean dudas sobre su eficacia real.
Una de las novedades que incorpora la nueva normativa es la modificación del artículo 257 de la Ley de Sociedades de Capital, de tal manera que se eleva el umbral que permite formular balance y estado de cambios en el patrimonio neto (ECPN) en modelo abreviado. Se pasa de 2.850.000 euros a 4.000.000 euros en el caso del total de las partidas del activo, y de 5.700.000 euros a 8.000.000 euros en el caso del importe neto de la cifra anual de negocio.
Parece que el legislador con estos nuevos umbrales pretende aligerar la carga administrativa de las empresas de menor dimensión, y va en línea con la definición de pequeña empresa aprobada en el ámbito de la Unión Europea. No obstante, el usuario de la información ve como se le reducen las fuentes y datos obligatorios en los que basar sus decisiones.
No olvidemos que con la posibilidad de formular el balance y el ECPN en modelo abreviado desaparece la obligatoriedad de presentar el estado de flujos de efectivo (EFE). Por tanto, no solo se simplifica la información facilitada, sino que se pierde parte de ella. En el caso del EFE perdemos el informe que de forma específica estudia el comportamiento de la tesorería, y que ya era poco utilizado. Ahora todavía lo será menos, y creo que es un error, como ya he manifestado en otras ocasiones. Aquella información que no es obligatoria deja de ser relevante. Alguien podrá decir que en las notas de la memoria y en el informe de gestión se puede facilitar la información ausente en el resto de informes. Sí, es posible, pero creo que un planteamiento un tanto irreal.
En definitiva, se habrá simplificado y reducido la carga administrativa a las empresas de menor tamaño, pero ello ha sido en detrimento de la información, y me atrevo a decir que, a la larga, en perjuicio de la cultura financiera.

 

 

La Universidad y sus retos

universidad_de_deustoRecientemente leí la noticia de que la Universidad de Deusto ha nombrado como nuevo rector a José María Guibert en sustitución del saliente Jaime Oraá que termina su último mandato. Parece que esta Universidad quiere impulsar su perfil tecnológico al incorporar como rector a un ingeniero, y así modernizar su imagen. Espero que no se queden en un simple lavado de cara, sino que  forme parte de un plan más amplio para mejorar la calidad y competitividad.

El caso es que, hablando de universidades españolas, la cosa está complicada. Ninguna de ellas se encuentra entre los cien primeros puestos de los principales rankings mundiales de 2012 y 2013. Es más, no hay noticias de una universidad española en ningún ranking hasta el puesto 176 del QS World University Ranking. Aunque estas clasificaciones puedan tener cierto sesgo, el dato es desalentador, y pone sobre el tapete una pregunta: ¿buscan las universidades españolas realmente la excelencia?

Hace unos meses una persona muy cabal me dijo que cualquier universidad tiene que tener como misión ser la mejor si realmente aspira a competir y ser líder. Esta afirmación, que seguro admite matices, representa toda una declaración de intenciones de lo que se quiere y cómo hacerlo. Porque para ser el mejor hay que tener los mejores profesores, los mejores métodos, los mejores medios…

En un periodo muy corto de tiempo (entre cuarenta y cincuenta años) pasamos de una universidad exclusiva y elitista a otra sobredimensionada y cercana. Y eso, en principio, fue bueno porque democratizó el acceso a la educación superior. Pero es como si durante esa fiebre de apertura de universidades y campus nos hubiéramos olvidado de la excelencia y calidad. Tener más centros no significa mejor educación, así como tener más profesores no es sinónimo de mayor nivel lectivo. El éxito viene cuando nos enfocamos y destinamos recursos a los asuntos realmente importantes y que tienen futuro, y no cuando los profesores tienen que buscar formas de justificar su tiempo y presencia con investigaciones y estudios estériles (no todo es malo, hay casos de personal y centros muy competentes y obteniendo resultados muy satisfactorios).

¿Acaso en las universidad no existe la palabra innovar? Y no me refiero a la investigación más científica, sino a los procesos de enseñanza y estudio que parecen estar anclados en modelos antiguos y de educación primaria. A la estructura organizativa que resulta pesada y dificulta el cambio. A las capacidades de alumnos y profesores que se ven infrautilizadas o incluso ninguneadas

Por último, quiero referirme a la necesidad de salir al exterior que tienen las universidades españolas (sí, también ellas). Hay que abrir los ojos y darse cuenta de que para tener a los mejores profesores hay que salir fuera, que muchos estudiantes prometedores no son de aquí, que para prosperar hay que competir a nivel global con los mejores. Y esto solo se consigue si se formula una propuesta atractiva y existe un plan para la excelencia. ¿Existe ese plan?