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Too big to fail de Andrew Ross Sorkin, o cómo se desató la mayor crisis financiera en décadas

61Sy1mRL4lL._SY344_BO1,204,203,200_Me acerqué a este libro intentando comprender las claves que nos llevaron al devastador crac financiero que comenzó en 2008 y que derivó en la profunda crisis que le siguió y en la que todavía estamos inmersos (en algunos lugares más que en otros, como es bien conocido).
El autor nos presenta su obra, no como un ejercicio académico o un sesudo análisis, sino como un relato de los acontecimientos y los protagonistas que intervinieron en el desenlace del colapso. Por las páginas de este voluminoso libro (618 en mi edición de bolsillo) desfilan un montón de personajes, y vemos cuáles fueron las decisiones que tomaron en los días más frenéticos de la crisis (septiembre de 2008). Quizás ese, precisamente, es el punto fuerte del libro; a medida que avanzamos en la lectura, vamos formándonos nuestra opinión e intuimos cuáles fueron las causas de la crisis.
De esta manera, a mí me queda claro que en la base de la crisis los factores más relevantes fueron unas entidades financieras excesivamente endeudas (como el resto del mundo) fruto de una política expansiva de dinero fácil y barato; unos gestores muy proclives a realizar inversiones arriesgadas y sobre productos muy complejos, que les reportaban astronómicas remuneraciones; una normativa laxa, y unos reguladores muy sensibles a los deseos de los grandes bancos en un entorno endogámico; unos bancos muy interrelacionados que expandieron lo malo (y bueno, cuando lo hubo) como una epidemia mortal; y por qué no decirlo, una bonanza económica de la que no se había disfrutado en décadas que hizo de lubricante, y de la que todos queríamos participar (y nos hicieron creer que era posible).
Los banqueros son mostrados como actores en una desesperada lucha contra el reloj para que su institución no sea la siguiente en caer, perder su puesto y sus jugosos honorarios. Egoístas obsesionados con salvar su culo (nada de patriotismos ni defensas del libre mercado), que no dudan en suplicar la ayuda de la Administración americana. Una Administración que se ve incapaz de hacer frente al tsunami que se le viene encima, y que titubea sobre si deja actuar al mercado, pero que al final intervine con todas las herramientas a su alcance, incluida la constitución de un banco malo (¿les suena?).
Y de todo aquello, ¿qué hemos aprendido? Me temo que bien poco. La tan cacareada modificación de la regulación de las entidades financieras para hacerla más rígida se ha quedado a medio camino, los bancos supervivientes tienen un tamaño descomunal con lo que su riesgo sistémico es mayor que nunca, no ha habido asunciones de culpa, y como mucho, se ha dado carpetazo al asunto a base de multas, pero sin depurar responsabilidades. Si no se implementan medidas correctoras, corremos el riesgo de que, cuando haya pasado tiempo y nos hayamos olvidado, algunos vuelvan a correr grandes riesgos y cometer los mismos errores.

En definitiva, este es un libro necesario para comprender un momento de la historia. Quizás es un poco largo, aunque su lectura es amena como pudiera ser la de una novela de intriga, sólo que ésta no es ficción.

Reflexiones sobre la implantación de SEPA

carrusel_sepa-77857_200x180Ya han pasado algunas semanas desde que entrara en vigor la zona única de pagos en euros, y me temo que hemos asistido a un nuevo efecto 2000 cacareado como si se tratara del fin del mundo. La realidad, como algunos suponíamos, ha sido bien distinta: ni la economía se ha colapsado, ni los pagos y cobros se han dejado de ejecutar. Ni mucho menos nadie ha dejado de recibir su nómina (no, al menos, por esta causa).

En Octubre de 2013 publiqué un post en el que repasaba las principales modificaciones que representa SEPA para la empresa, y mostraba mis dudas sobre lo que significaría su implantación. Ahora que ya está en vigor, actualizo mis reflexiones.

Coste de las transacciones: en mi entorno profesional, la experiencia ha sido, al contrario de lo que pensaba, que las entidades bancarias han mantenido el mismo coste para las operaciones SEPA que las operaciones tradicionales. Por otro lado, no hemos detectado costes añadidos a la hora de recibir transferencias en el nuevo formato. Esto es buena señal, y habla de la naturalidad con la que se ha producido el cambio.

Costes asociados a la migración: aquí ha estado el mayor inconveniente. Ha sido necesario recurrir, en algunos casos, a consultoría para adaptar los ficheros de remesa a los nuevos estándares exigidos (nuevo TXT y XML). Además, al coste externo hay que añadirle el tiempo interno invertido (y su coste de oportunidad).

En desarrollo y pruebas se han ido tiempo y esfuerzos. Pero que no nos tomen el pelo: lo que haya que cambiar, hagámoslo ya de una sola vez, y que esto no se convierta en una novela por entregas.  Lo digo porque el formato XML, que quedará como definitivo, no es obligatorio hasta dentro de dos años, y nos podemos ver en la tesitura de ponernos al día ahora (nuevo TXT), y tener que retomar el asunto en 2016. Mi recomendación: pasar a XML lo antes posible.

         –  Centralización de servicios administrativos: no son muchos casos, pero ya he detectado alguno en el que las direcciones de envío que se indican para los mandatos se encuentran en el extranjero. Es un tímido indicador de algo que, en el futuro, se puede acelerar. Ojo, aquellos que trabajen en sucursales de multinacionales.

          – Seguridad bancaria: hasta la fecha no he tenido noticia de que se hayan producido brechas en el sistema. Habrá que andar con cautela.  Tampoco vendría mal limitar los mandatos B2B que se firmen a aquellos proveedores de máxima confianza.

En resumen creo que los inconvenientes y costes que se están produciendo no difieren de los habituales a otras implantaciones en el entorno de la empresa. En este caso con la particularidad  de que viene impuesto desde fuera y afecta a muchas empresas.

A pesar de los problemas que surjan (y que surgirán), soy un defensor del nuevo sistema. Creo que facilita las transacciones en el entorno europeo. Es más, iría más allá: ¿por qué no se toma la iniciativa de establecer SEPA como el estándar de transacciones a nivel mundial? Eso sí que sería una gran ventaja, y empezaríamos a hablar de ahorros significativos para los usuarios con operativa internacional. Pero ahí chocaremos con los intereses de la banca, y esa será otra batalla.

SEPA: ¿qué supone para la empresa?

sepalogoen1Para aquellos que lo desconozcan, SEPA es el acrónimo en inglés de la zona única de pagos en euros. Se pretende que “se puedan efectuar y recibir pagos en euros en Europa, dentro y fuera de las fronteras nacionales, en las mismas condiciones y con los mismos derechos y obligaciones, independientemente del lugar en que se encuentren”.  En definitiva, otra paso en la eliminación de barreras al movimiento de capitales, y que será plenamente efectivo el 1 de febrero de 2014 (para ampliar información sobre SEPA, pinchar aquí).

¿Cómo afecta esto a las empresas? Son tres los medios de pago implicados: tarjetas, transferencias y recibos domiciliados, siendo estos dos últimos los más relevantes.

Transferencias

La principal novedad es que las transferencias en euros que se hagan en el territorio SEPA serán recibidas cómo máximo en un día hábil desde la emisión. Por tanto, se acortan los plazos a la hora de tramitar un pago por esta vía.

Por otro lado, aquellos que tengan que hacer transferencias tanto nacionales como extranjeras (siempre ámbito SEPA), pueden utilizar un único fichero para todas ellas, simplificando la operativa.

Recibos domiciliados

Surge la posibilidad de emitir recibos contra cuentas bancarias de otros países, algo inédito hasta la fecha. De esta manera, se dispone de otro instrumento de cobro (controlado por el emisor) frente a clientes europeos.

Además se acortan los plazos de  devolución, que en caso del recibo B2B es de dos días, lo que, en principio, da más seguridad a la transacción.

Reflexiones y dudas

Sí parece que SEPA va a ayudar a que las transacciones sean más rápidas y la gestión más sencilla en el ámbito europeo, pero hay algunos aspectos que no quedan claros o no se despejarán hasta la definitiva implementación:

  • Mayor coste: desconozco si el coste de la operativa SEPA va a ser el mismo que hasta ahora viene teniendo la operativa nacional. Me da la sensación de que los bancos van a aprovechar para incrementar sus comisiones aludiendo a la mayor complejidad del nuevo sistema. En cualquier caso, ya se han dejado abierta una puerta: las transferencias serán obligatoriamente con gastos compartidos (SHA), lo que implica que no solo se puede cobrar por emitir una transferencia, sino también por recibirla.
  • Costes administrativos e informáticos: se deben adaptar los sistemas y procesos de las empresas a la nueva operativa, lo que requerirá tiempo y recursos.
  • Centralización de servicios administrativos: la facilidad para la gestión de pagos y cobros puede suponer un aliciente para concentrar la gestión de tesorería en una sola ubicación. Por ejemplo, una empresa puede gestionar desde su central en Alemania todas las transacciones a nivel europeo. Las grandes corporaciones llevan algún tiempo transitando esta vía, que ahora SEPA facilitará.
  • Seguridad bancaria: ahora con la eliminación de barreras se amplía el riesgo. El sistema promete ser seguro, pero son muchas las operaciones y agentes implicados. Es un mar en el que, sin duda, los hackers echarán su caña.
  • Desaparición de cuaderno 58 (anticipos de créditos): aunque no está previsto hasta febrero de 2016, representará la pérdida de una herramienta de financiación muy utilizada por pymes. Las alternativas serán escasas, o a merced del cliente (productos tipo confirming).

En definitiva, una nueva operativa que acarrea beneficios, pero con unas consecuencias que tendremos que ver cómo se materializan.

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