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Reflexiones sobre la implantación de SEPA

carrusel_sepa-77857_200x180Ya han pasado algunas semanas desde que entrara en vigor la zona única de pagos en euros, y me temo que hemos asistido a un nuevo efecto 2000 cacareado como si se tratara del fin del mundo. La realidad, como algunos suponíamos, ha sido bien distinta: ni la economía se ha colapsado, ni los pagos y cobros se han dejado de ejecutar. Ni mucho menos nadie ha dejado de recibir su nómina (no, al menos, por esta causa).

En Octubre de 2013 publiqué un post en el que repasaba las principales modificaciones que representa SEPA para la empresa, y mostraba mis dudas sobre lo que significaría su implantación. Ahora que ya está en vigor, actualizo mis reflexiones.

Coste de las transacciones: en mi entorno profesional, la experiencia ha sido, al contrario de lo que pensaba, que las entidades bancarias han mantenido el mismo coste para las operaciones SEPA que las operaciones tradicionales. Por otro lado, no hemos detectado costes añadidos a la hora de recibir transferencias en el nuevo formato. Esto es buena señal, y habla de la naturalidad con la que se ha producido el cambio.

Costes asociados a la migración: aquí ha estado el mayor inconveniente. Ha sido necesario recurrir, en algunos casos, a consultoría para adaptar los ficheros de remesa a los nuevos estándares exigidos (nuevo TXT y XML). Además, al coste externo hay que añadirle el tiempo interno invertido (y su coste de oportunidad).

En desarrollo y pruebas se han ido tiempo y esfuerzos. Pero que no nos tomen el pelo: lo que haya que cambiar, hagámoslo ya de una sola vez, y que esto no se convierta en una novela por entregas.  Lo digo porque el formato XML, que quedará como definitivo, no es obligatorio hasta dentro de dos años, y nos podemos ver en la tesitura de ponernos al día ahora (nuevo TXT), y tener que retomar el asunto en 2016. Mi recomendación: pasar a XML lo antes posible.

         –  Centralización de servicios administrativos: no son muchos casos, pero ya he detectado alguno en el que las direcciones de envío que se indican para los mandatos se encuentran en el extranjero. Es un tímido indicador de algo que, en el futuro, se puede acelerar. Ojo, aquellos que trabajen en sucursales de multinacionales.

          – Seguridad bancaria: hasta la fecha no he tenido noticia de que se hayan producido brechas en el sistema. Habrá que andar con cautela.  Tampoco vendría mal limitar los mandatos B2B que se firmen a aquellos proveedores de máxima confianza.

En resumen creo que los inconvenientes y costes que se están produciendo no difieren de los habituales a otras implantaciones en el entorno de la empresa. En este caso con la particularidad  de que viene impuesto desde fuera y afecta a muchas empresas.

A pesar de los problemas que surjan (y que surgirán), soy un defensor del nuevo sistema. Creo que facilita las transacciones en el entorno europeo. Es más, iría más allá: ¿por qué no se toma la iniciativa de establecer SEPA como el estándar de transacciones a nivel mundial? Eso sí que sería una gran ventaja, y empezaríamos a hablar de ahorros significativos para los usuarios con operativa internacional. Pero ahí chocaremos con los intereses de la banca, y esa será otra batalla.


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