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La banca y los vicios adquiridos

finance-586405_1280No tengo por costumbre escribir artículos de opinión; por lo general, me limito a realizar breves comentarios marginales sobre algún tema, pero que de ninguna manera representan el cuerpo del post.
Sin embargo, desde hace algún tiempo me lleva rondando la cabeza la necesidad de escribir sobre la banca y sus prácticas. Ya sé que no soy nada innovador y que se han escrito ríos de tinta al respecto, pero algunos hechos de los que he tenido conocimiento en mi entorno profesional y personal, me han animado a tomar esta decisión. Parece mentira que con todo lo que ha llovido, y con la deuda moral (y económica) que han generado, las entidades financieras sigan teniendo comportamientos cuanto menos irregulares.
Primero. Se acuerda con la entidad financiera la realización de una operación (préstamo, tarjeta de crédito…) en unas condiciones determinadas. Cuando llega la hora de firmar el contrato nos encontramos con que dicho contrato no refleja lo pactado: de repente aparecen comisiones que no se iban a cobrar, o hay condiciones que no están en el contrato que se eleva a público sino en otro contrato privado… pero no hay que preocuparse porque siempre está el gestor de turno que dice “no se preocupe, lo que vale es lo que hemos comentado”. Entonces, ¿por qué no es lo que firmamos? ¿por qué quieren que se firme algo distinto? Este me parece un claro ejemplo de mala práctica bancaria. Como usuarios, tanto a nivel personal como empresarial, hay que exigir las cosas claras, y que se firme lo acordado. Ni más ni menos.
Segundo. ¿Qué decir de las comisiones fantasma en las transferencias internacionales? En el flujo de transferencias internacionales (fuera del sistema SEPA) intervienen unos bancos intermediarios que supuestamente son los que facilitan que los fondos emitidos por un ordenante en un país lleguen a al beneficiario en otro país. En el camino se quedan comisiones que nadie ha negociado. Ni el ordenante ni el beneficiario. Hay una fuente de ingresos para las entidades que operan como intermediarias que escapa al control del las partes. Desde mi punto de vista es una manera artificiosa de obtener ingresos, y no se explica que, en los tiempos que corren, las transferencias internacionales no se puedan gestionar de entidad a entidad mediante un sistema similar al de SEPA y a un coste ajustado. Creo más bien que no hay interés en meterle mano a un asunto que deja beneficios tan fácilmente.
Tercero. ¿Qué me dicen de ? En su mayoría personas bienintencionadas, pero que ante cualquier exigencia, cualquier solicitud de explicaciones se encogen de hombros como diciendo “no soy culpable”, “viene de arriba” o “no puedo hacer nada”. Pero parece que siguen sin darse cuenta de que para nosotros ellos son el banco. Ellos han de darnos soluciones. Han de asumir y explicar las directrices de su empresa, y si no están de acuerdo, quizás deban buscar otro trabajo. Pero no escurrir el bulto, que para vender productos no se andan con tantos remilgos.
Estos son solo algunos ejemplos que he detectado recientemente. Quizás no son los más graves, pero marcan una tendencia. Es la tendencia de mirar solo por sus intereses y no buscar un acuerdo justo entre las partes. Y ante eso, y a falta de una normativa más protectora para con el usuario, debemos mantenernos firmes: revisar cada contrato, reclamar cada comisión injustamente cargada, denunciar las malas prácticas, asociarnos…


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