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El mayor cambio del IVA de la historia

ec-logo-st-rvb-web_enEsta sugestiva frase es parte del titular de una noticia que leí la semana pasada y que llamó poderosamente mi atención. En dicha noticia se hace referencia a un (enésimo) debate iniciado en el seno de la Unión Europea (en este caso en la Comisión) para abordar la reforma del IVA para combatir el fraude fiscal. Según estimaciones de la propia Comisión, la pérdida de ingresos fiscales vinculada al IVA está en torno a los 170.000 millones de euros anuales, de los cuales 50.000 están relacionados con las operaciones intracomunitarias. De hecho, un informe del Tribunal de Cuentas de la UE indica que esta última cifra puede llegar a los 60.000 millones.
Como señala el vicepresidente de la Comisión esta situación es inaceptable y es urgente actuar. Pero lo único cierto es que las autoridades europeas hasta ahora no se han dando mucha prisa en abordar un cambio de calado en la definición y gestión del IVA, y en concreto, en el régimen transitorio aplicado a las operaciones intracomunitarias. Más de 20 años han pasado desde que se pusiera en marcha el mercado común europeo, y aquello que debía ser temporal, como su nombre indica, se convirtió en permanente.
Parece que todas las instituciones de la UE están de acuerdo en que el nuevo régimen que se ponga en marcha, y que pretenden que sea el definitivo, garantice que el IVA vaya al estado miembro receptor de las mercancías o servicios. Para ello se propone trabajar en torno a dos opciones: una generalización de la inversión del sujeto pasivo, que no parce que tenga suficiente calado, y la opción de que el Estado de origen recaude el impuesto de la transacción que después compartiría con la Hacienda del Estado de destino. Claro está que esto requiere incrementar la coordinación y confianza entre los estados miembros. Precisamente, esta es una reflexión que yo exponía en un artículo sobre un régimen híbrido para afrontar el problema intracomunitario.
Ahora hay que ver si esta Unión Europea es capaz de llevar a buen puerto la iniciativa de cambio. Ello requiere la colaboración y generosidad de todos los estados miembros. Algo que, por cierto, no se está viendo mucho últimamente. Así que contengamos el optimismo.


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